«De la trinchera al aula: el eco de Los Palmeros, medio siglo después.»

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En el mismo entorno de la Avenida Las Américas donde en 1972 resonaron disparos, persecución y muerte, se levantará ahora un centro tecnológico del INFOTEP. Un sobreviviente de aquella generación recuerda cómo
nació el nombre de Los Palmeros bajo las palmas de Cuba.

Por Santiago Antonio Guillermo González

A finales de los años sesenta, la República Dominicana seguía
respirando el humo invisible de la Guerra de Abril de 1965. El país aparentaba calma, pero bajo aquella superficie persistían el miedo, la pobreza y la sensación amarga de que la democracia aún no terminaba de nacer.

Muchos éramos apenas muchachos cuando grupos provenientes del 14 de Junio, del MPD, del PCD y de otras organizaciones revolucionarias viajamos clandestinamente a Cuba entre 1967 y 1969. Nuestro destino eran los campamentos de entrenamiento en Pinar del Río. Nos impulsaba el ideal caamañista: la convicción de que la patria todavía merecía ser defendida.

Aquel paisaje de montañas húmedas y palmas
interminables nos cambió para siempre. Caminábamos durante horas cargando mochilas pesadas, dormíamos bajo nylons empapados de rocío y aprendíamos a sobrevivir entre el frío, las garrapatas y los mosquitos de la selva.

Cada grupo tenía un sanitario. En el mío asumí esa doble condición de guerrillero y curandero improvisado: drenando ampollas, curando heridas y ayudando a resistir el desgaste físico de aquellos entrenamientos extremos.
Pero más fuerte que el cansancio fue la hermandad que nació entre nosotros.

En aquellos campamentos conocí a Amaury Germán Aristy, Virgilio Perdomo Pérez, Ulises Cerón Polanco, Bienvenido Leal Prandy— La Chuta— y José Miguel Peña. Jóvenes austeros, inteligentes y profundamente comprometidos con la soberanía y la justicia social.

Recuerdo especialmente a un instructor sereno y de pocas palabras, que repetía constantemente una frase que nunca abandonó mi memoria: “El arma más difícil de dominar es el miedo”.

Fue precisamente bajo aquellas palmas cubanas donde nació el nombre de “Los Palmeros”.

El grupo acostumbraba reunirse bajo los árboles para conversar, protegerse del sol y conspirar discretamente.

Lo que comenzó como un apodo espontáneo terminó convirtiéndose en símbolo nacional de resistencia.

El desenlace llegaría el 12 de enero de 1972, en el kilómetro 14 de la autopista Las Américas. Allí, aquellos hombres resistieron durante horas el asedio desproporcionado de fuerzas militares y policiales.

El último en caer fue Amaury Germán Aristy, dejando para siempre un grito que todavía atraviesa la memoria dominicana:

“¡Yo no me rindo, carajo!” Más de medio siglo después, la historia parece cerrar un círculo profundamente simbólico. En el mismo entorno donde antes hubo persecución y disparos, se inaugurará un centro tecnológico del INFOTEP dedicado a honrar la memoria de Los Palmeros.

Donde antes hubo muerte, ahora se sembrará futuro. Y quizás esa sea la victoria más grande de todas: transformar el territorio del miedo en una casa para la esperanza.

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